A cuatro días de las elecciones presidenciales en Venezuela, la esperanza y la incertidumbre crecen...
Venezuela es un país donde las esperanzas y los sueños de su pueblo se han confrontado constantemente con una dura realidad política. A partir de 1999, con la llegada del líder carismático Hugo Chávez, esta realidad se volvió cada vez más compleja. Sin embargo, la verdadera hecatombe política, digna de una novela orwelliana, llegó tras la muerte de este líder en 2013, cuando su sucesor y "elegido", Nicolás Maduro, ganó el poder.
En las elecciones de 2013, Nicolás Maduro tuvo que enfrentarse a Enrique Capriles, candidato de la oposición por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). La contienda fue feroz, y Maduro emergió como vencedor por una diferencia mínima de menos de 200 mil votos. La oposición clamó por una auditoría exhaustiva, es decir, un conteo manual de los votos, que nunca se llevó a cabo. Esta situación sembró una profunda desconfianza en los venezolanos hacia el sistema electoral en particular y el Consejo Nacional Electoral (CNE) en general.
El 6 de diciembre de 2015, los venezolanos acudieron nuevamente a las urnas para elegir a sus representantes parlamentarios. En esta ocasión, la MUD logró una victoria aplastante, obteniendo 112 de los 167 escaños. Este triunfo representó un duro golpe para el régimen, ya que gobernar con una minoría parlamentaria en un sistema presidencialista es todo un desafío. Con su nueva mayoría, la oposición tenía un plan claro: someter a Nicolás Maduro a un referéndum revocatorio en 2016, lo que podría haberlo sacado del poder.
No obstante, ante esta inminente estrategia opositora, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), bajo las órdenes de Maduro, tomó medidas cuestionables e inconstitucionales. La Asamblea Nacional, dominada por la oposición, fue declarada en desacato y sustituida por el TSJ. Casi en paralelo, en 2017, se formó una Asamblea Nacional Constituyente con el supuesto objetivo de redactar una nueva constitución, lo cual nunca sucedió. Esta asamblea, vista como ilegal e ilegítima, intensificó las tensiones y desató violentas protestas en 2017, que dejaron un saldo de 163 muertos, 2977 heridos y 1351 detenidos.
En 2018, Maduro fue reelegido en unas elecciones ampliamente consideradas fraudulentas, con una participación electoral muy baja y sin una verdadera oposición. En 2019, la figura de Juan Guaidó surgió como presidente interino, prometiendo una transición hacia la democracia. Sin embargo, su esfuerzo fracasó debido a la fragmentación interna de la oposición y las presiones externas, llevándolo al exilio. A pesar de ello, el interinato de Guaidó logró que más de 50 países desconocieran a Nicolás Maduro como presidente legítimo de Venezuela.
Las elecciones parlamentarias de 2020 consolidaron aún más el poder de Maduro, con el PSUV ganando 253 de los 277 escaños, en un proceso electoral marcado por el fraude y la manipulación. A estas alturas, el sistema electoral y el CNE estaban completamente desprestigiados, y muchos venezolanos, desesperanzados, habían abandonado el país.
El 22 de octubre de 2023, María Corina Machado, líder opositora de larga trayectoria, fue elegida como candidata con más del 92% de los votos en las primarias de la oposición venezolana. Con su experiencia y astucia política, logró devolver la esperanza a una masa de venezolanos que representan una amenaza electoral para el régimen de Maduro. Ante esta amenaza, el régimen optó por inhabilitarla políticamente, impidiéndole presentarse a las elecciones del próximo 28 de julio.
Como consecuencia, la oposición tuvo que elegir otra candidata: Corina Yoris, una académica y política venezolana de 80 años. Sin embargo, su candidatura fue bloqueada por el CNE sin razón jurídica alguna. Finalmente, la alianza opositora logró inscribir al diplomático Edmundo González, quien, con el respaldo de María Corina, se enfrentará a Maduro en los comicios.
Las adversidades enfrentadas por la oposición, que no han hecho más que aumentar, demuestran que las elecciones del próximo 28 de julio no serán libres, justas ni transparentes. Por ejemplo, más del 85% de los venezolanos en el exilio (más de 5 millones), que están en condiciones de votar, no podrán hacerlo debido a los requisitos excluyentes de impuestos por el CNE. Además, la parcialidad de las autoridades electorales, las Fuerzas Armadas y el Poder Judicial, junto con la escalada de violencia del régimen, refuerzan la falta de garantías democráticas. Aun así, más de 14 millones de venezolanos están llamados a las urnas, muchos con la esperanza casi fugaz de un cambio político.
En este contexto, surgen preguntas que cuestionan a más de un venezolano: ¿sirve de algo votar? ¿Sale una dictadura con votos? ¿Está dispuesto Maduro a entregar el poder? No existe aún una respuesta correcta a cada una de estas preguntas, pero solo si los venezolanos ejercen su derecho al voto el próximo 28 de julio, estarán más cerca de afirmarlas, negarlas o reformularlas. Cada voto es una chispa en la lucha por el cambio, y mientras haya voluntad de participar, siempre habrá esperanza.
¿A dónde vas, Venezuela?
Esta pregunta, derivada de todo lo anterior, refleja la incertidumbre que envuelve al país. Hoy, sobre Venezuela, solo podemos hablar de escenarios posibles y contingentes, algunos menos negativos que otros, pero igualmente complejos e inevitables:
Que el régimen cometa fraude electoral, manipulando los resultados con la complicidad del CNE. Esto desataría protestas masivas, especialmente en Caracas, y la respuesta represiva del régimen complicaría aún más la legitimidad internacional de Maduro. Si este escenario se concretara, el régimen seguiría gobernando despóticamente por seis años más.
Que el régimen reconozca la derrota y negocie una transición en la que se intercambien justicia por democracia y paz social. Este escenario, aunque menos traumático, sería improbable para un régimen que ha amenazado con una guerra civil armada si pierde el poder.
Venezuela se mantiene en una lucha constante por un cambio, enfrentando un futuro incierto con la esperanza de encontrar una mejor realidad.
